microman
Vivo en ciudad juarez chihuahua. No hay ni pizca de sociedad en ningún lado, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos. henry micro
Monday, November 16, 2009
antonio de nigris el trota mundos murio
murio el tano,
a si el mundo hable antonio de nigris en el mundo...
club polideportivo ejido El Club Polideportivo Ejido por medio de su presidente Gabriel Hidalgo Martín y el Consejo de Administración quieren dar su más sentido pésame a la familia y allegados de Antonio De Nigris Guarjado que el pasado 15 de noviembre falleció a las 16:00 horas a causa de un paro cardíaco mientras dormía.Actalmente pertenecía al AE Larisa de Grecia, su último club
club once caldas colombia
La Corporación Deportiva Once Caldas lamenta la muerte del jugador mexicano Antonio de Nigris, quien falleció en Grecia, el día anterior. Las directivas y el personal de la institución envían un mensaje de condolencia a los familiares y amigos del futbolista quien vistió la camiseta del equipo en el 2004.
benito floro habla del tano
Cómo quieres que esté? Chateábamos con él una o dos veces por semana y cada vez que viajaba a México desde Europa o que volvía para aquí, pasaba a ver a mi familia", señaló Floro.
este blog se uno al luto por la muerte del tano lo diaria a si charly garcia:
meter un gol y casi tocar el cielo... el se lo metio a brasil
hasta pronto
Sunday, November 15, 2009
Wednesday, November 04, 2009
Principios de soledad
La dependencia hacia otro comienza en los brazos
De alguien o dentro de una casa donde recuerdas
A tu abuelo entre las veladoras, estamos solos es
Inevitable un mundo que nos deja cada vez mas
Lejos de las personas que queremos y tan cercas
Del crecimiento desordenado de un mundo chico
Partiendo de su inmensidad, a si la soledad crece
Sin saber nombre con quien compartimos el mundo
A si los años comienzan a detenerse en nuestra
Piel, porque es necesario la viejez en la piel para
Poder vivir sin cadenas en el desorden del mundo,
Entonces permitirnos estar tristes y solos nos da
Otras posibilidades en nuestra existencia, debemos
de ser capaces de hablar y escuchar, de escribir
y de hacer de vez en cuando un mal pase de baile,
Friday, October 30, 2009
jose revueltas dios en la tierra un cuento bellisimo
La población estaba cerrada con odio y con piedras. Cerrada completamente como si sobre sus puertas y ventanas se hubieran colocado lápidas enormes, sin dimensión de tan profundas, de tan gruesas, de tan de Dios. Jamás un empecinamiento semejante, hecho de entidades incomprensibles, inabarcables, que venían... ¿de dónde? De la Biblia Génesis, de las Tinieblas, antes de la luz. Las rocas se mueven, las inmensas piedras del mundo cambian de sitio, avanzan un milímetro por siglo. Pero esto no se alteraba, este odio venía de lo más lejano y lo más bárbaro. Era el odio de Dios. Dios mismo estaba ahí apretando en su puño la vida, agarrando la tierra entre sus dedos gruesos, entre sus descomunales dedos de encina y de rabia. Hasta un descreído no puede dejar de pensar en Dios. Porque ¿quién si no Él? ¿Quién si no una cosa sin forma, sin principio ni fin, sin medida, puede cerrar las puertas de tal manera? Todas las puertas cerradas en nombre de Dios. Toda la locura y la terquedad del mundo en nombre de Dios. Dios de los Ejércitos; Dios de los dientes apretados; Dios fuerte y terrible, hostil y sordo, de piedra ardiendo, de sangre helada. Y eso era ahí y en todo lugar porque Él, según una vieja y enloquecedora maldición, está en todo lugar: en el siniestro silencio de la calle; en el colérico trabajo; en la sorprendida alcoba matrimonial; en los odios nupciales y en las iglesias, subiendo en anatemas por encima del pavor y de la consternación. Dios se había acumulado en las entrañas de los hombres como sólo puede acumularse la sangre, y salía en gritos, en despaciosa, cuidadosa, ordenada crueldad. En el norte y en el sur, inventando puntos cardinales para estar ahí, para impedir algo ahí, para negar alguna cosa con todas las fuerzas que al hombre le llegan desde los más oscuros siglos, desde la ceguedad más ciega de su historia.
¿De dónde venía esa pesadilla? ¿Cómo había nacido? Parece que los hombres habían aprendido algo inaprensible y ese algo les había tornado el cerebro cual una monstruosa bola de fuego, donde el empecinamiento estaba fijo y central, como una cuchillada. Negarse. Negarse siempre, por encima de todas las cosas, aunque se cayera el mundo, aunque de pronto el Universo se paralizase y los planetas y las estrellas se clavaran en el aire.
Los hombres entraban en sus casas con un delirio de eternidad, para no salir ya nunca, y tras de las puertas aglomeraban impenetrables cantidades de odio seco, sin saliva, donde no cabían ni un alfiler ni un gemido.
Era difícil para los soldados combatir en contra de Dios, porque Él era invisible, invisible y presente, como una espesa capa de aire sólido o de hielo transparente o de sed líquida. ¡Y cómo son los soldados! Tienen unos rostros morenos, de tierra labrantía, tiernos, y unos gestos de niños inconscientemente crueles. Su autoridad no les viene de nada. La tomaron en préstamo quién sabe dónde y prefieren morir, como si fueran de paso por todos los lugares y les diera un poco de vergüenza todo. Llegaban a los pueblos con cierto asombro, como si se hubieran echado encima todos los caminos y los trajeran ahí, en sus polainas de lona o en sus paliacates rojos, donde, mudas, aún quedaban las tortillas crujientes, como matas secas.
Los oficiales rabiaban ante el silencio; los desenfrenaba el mutismo hostil, la piedra enfrente, y tenían que ordenar, entonces, el saqueo, pues los pueblos estaban cerrados con odio, con láminas de odio, con mares petrificados. Odio y sólo odio, como montañas.
¡Los federales! ¡Los federales!
Y a esta voz era cuando las calles de los pueblos se ordenaban de indiferencia, de obstinada frialdad y los hombres se morían provisionalmente, aguardando dentro de las casas herméticas o disparando sus carabinas desde ignorados rincones.
El oficial descendía con el rostro rojo y golpeaba con el cañón de su pistola la puerta inmóvil, bárbara.
—¡Queremos comer!
—¡Pagaremos todo!
La respuesta era un silencio duradero, donde se paseaban los años, donde las manos no alcanzaban a levantarse. Después un grito como un aullido de lobo perseguido, de fiera rabiosamente triste:
—¡Viva Cristo Rey!
Era un Rey. ¿Quién era? ¿Dónde estaba? ¿Por qué caminos espantosos? La tropa podía caminar leguas y más leguas sin detenerse. Los soldados podían comerse los unos a los otros. Dios había tapiado las casas y había quemado los campos para que no hubiese ni descanso ni abrigo, ni aliento ni semilla.
La voz era una, unánime, sin límites: "Ni agua". El agua es tierna y llena de gracia. El agua es joven y antigua. Parece una mujer lejana y primera, eternamente leal. El mundo se hizo de agua y de tierra y ambas están unidas, como si dos opuestos cielos hubiesen realizado nupcias imponderables. "Ni agua". Y del agua nace todo. Las lágrimas y el cuerpo armonioso del hombre, su corazón, su sudor. "Ni agua". Caminar sin descanso por toda la tierra, en persecución terrible y no encontrarla, no verla, no oírla, no sentir su rumor acariciante. Ver cómo el sol se despeña, cómo calienta el polvo, blando y enemigo, cómo aspira toda el agua por mandato de Dios y de ese Rey sin espinas, de ese Rey furioso, de ese inspector del odio que camina por el mundo cerrando los postigos...
¿Cuándo llegarían?
Eran aguardados con ansiedad y al mismo tiempo con un temor lleno de cólera. iQue vinieran! Que entraran por el pueblo con sus zapatones claveteados y con su miserable color olivo, con las cantimploras vacías y hambrientos. ¡Que entraran! Nadie haría una señal, un gesto. Para eso eran las puertas, para cerrarse. Y el pueblo, repleto de habitantes, aparecería deshabitado, como un pueblo de muertos, profundamente solo.
¿Cuándo y de qué punto aparecerían aquellos hombres de uniforme, aquellos desamparados a quienes Dios había maldecido?
Todavía lejos, allá, el teniente Medina, sobre su cabalgadura, meditaba. Sus soldados eran grises, parecían cactus crecidos en una tierra sin más vegetación. Cactus que podían estarse ahí, sin que lloviera, bajo los rayos del sol. Debían tener sed, sin embargo, porque escupían pastoso, aunque preferían tragarse la saliva, como un consuelo. Se trataba de una saliva gruesa, innoble, que ya sabía mal, que ya sabía a lengua calcinada, a trapo, a dientes sucios. ¡La sed! Es un anhelo, como de sexo. Se siente un deseo inexpresable, un coraje, y los diablos echan lumbre en el estómago y en las orejas para que todo el cuerpo arda, se consuma, reviente. El agua se convierte, entonces, en algo más grande que la mujer o que los hijos, más grande que el mundo, y nos dejaríamos cortar una mano o un pie o los testículos, por hundimos en su claridad y respirar su frescura, aunque después muriésemos.
De pronto aquellos hombres como que detenían su marcha, ya sin deseos. Pero siempre hay algo inhumano e ilusorio que llama con quién sabe qué voces, eternamente, y no deja interrumpir nada. ¡Adelante! Y entonces la pequeña tropa aceleraba su caminar, locamente, en contra de Dios. De Dios que había tomado la forma de la sed. Dios ¡en todo lugar! Allí, entre los cactus, caliente, de fuego infernal en las entrañas, para que no lo olvidasen nunca, nunca, para siempre jamás.
Unos tambores golpeaban en la frente de Medina y bajaban a ambos lados, por las sienes, hasta los brazos y la punta de los dedos: "a... gua, a... gua, a... gua. ¿Por qué repetir esa palabra absurda? ¿Por qué también los caballos, en sus pisadas...? Tornaba a mirar los rostros de aquellos hombres, y sólo advertía los labios cenizos y las frentes imposibles donde latía un pensamiento en forma de río, de lago, de cántaro, de pozo: agua, agua, agua... "¡Si el profesor cumple su palabra...!"
—Mi teniente... —se aproximó un sargento.
Pero no quiso continuar y nadie, en efecto, le pidió que terminara, pues era evidente la inutilidad de hacerlo...
—¡Bueno! ¿Para qué, realmente...? —confesó, soltando la risa, como si hubiera tenido gracia.
"Mi teniente." ¿Para qué? Ni modo que hicieran un hoyo en la tierra para que brotara el agua. Ni modo. "iOh! ¡Si ese maldito profesor cumple su palabra...!"
—¡Romero! —gritó el teniente.
El sargento moviose apresuradamente y con alegría en los ojos, pues siempre se cree que los superiores pueden hacer cosas inauditas, milagros imposibles en los momentos difíciles.
—¿...crees que el profesor...?
Toda la pequeña tropa sintió un alivio, como si viera el agua ahí enfrente, porque no podía discurrir ya, no podía pensar, no tenía en el cerebro otra cosa que la sed.
—Sí, mi teniente, él nos mandó avisar que con segur ai'staba...
"¡Con seguro!" ¡Maldito profesor! Aunque maldito era todo: maldita el agua, la sed, la distancia, la tropa, maldito Dios y el Universo entero.
El profesor estaría, ni cerca ni lejos del pueblo para llevarlos al agua, al agua buena, a la que bebían los hijos de Dios.
¿Cuándo llegarían? ¿Cuándo y cómo? Dos entidades opuestas, enemigas, diversamente constituidas aguardaban allá: una masa nacida de la furia, horrorosamente falta de ojos, sin labios, sólo con un rostro inmutable, imperecedero, donde no había más que un golpe, un trueno, una palabra oscura, "Cristo Rey", y un hombre febril y anhelante, cuyo corazón latía sin cesar, sobresaltado, para darles agua, para darles un líquido puro, extraordinario, que ajaría por las gargantas y llegaría a las venas, al estremecido y cantando.
El teniente balanceaba la cabeza mirando cómo las orejas del caballo ponían una especie de signos de admiración el paisaje seco, hostil. Signos de admiración. Sí, de admiración y de asombro, de profunda alegría, de sonoro y vital entusiasmo. Porque ¿no era aquel punto... aquél... un hombre, el profesor...? ¿No?
¡Romero!¡Romero! Junto al huizache... ¿distingues algo?
Entonces el grito de la tropa se dejó oír, ensordecedor, impetuoso:
¡Jajajajay...! —y retumbó por el monte, porque aquello era el agua.
Una masa que de lejos parecía blanca, estaba ahí compacta, de cerca fea, brutal, porfiada como una maldición. “¡Cristo Rey!“ Era otra vez Dios, cuyos brazos apretaban la tierra como dos tenazas de cólera. Dios vivo y enojado, iracundo, ciego como él mismo, como no puede ser más que Dios, que cuando baja tiene un solo ojo en mitad de la frente, no para ver sino para arrojar rayos e incendiar, castigar, vencer.
En la periferia de la masa, entre los hombres que estaban en las casas fronteras, todavía se ignoraba qué era aquello. Voces sólo, dispares:
—¡Si, sí, sí!
—¡No, no, no!
¡Ay de los vecinos ¡Aquí no había nadie ya, sino el castigo. La ley Terrible que no perdona ni a la vigésima generación, ni centésima, ni al género humano. Que no perdona. Que juró cerrar todas las puertas, tapiar las ventanas, oscurecer el cielo y sobre su azul de lago superior, de agua aérea, colocar un manto púrpura e impenetrable. Dios está aquí de nuevo, para que tiemblen los pecadores. Dios está defendiendo su iglesia, su gran iglesia sin agua, su iglesia de piedra, su iglesia de siglos.
En medio de la masa blanca apareció, de pronto, el punto negro de un cuerpo desmadejado, triste, perseguido. Era el profesor. Estaba ciego de angustia, loco de terror, pálido y verde en medio de la masa. De todos lados se golpeaba, sin el menor orden o sistema, conforme el odio, espontáneo, salía.
—¡Grita viva Cristo Rey...!
Los ojos del maestro se perdían en el aire a tiempo que repetía, exhausto, la consigna ¡Viva Cristo Rey!
Los hombres de la periferia ya estaban enterados también. Ahora se les veía el rostro negro, de animales duros.
—¡Les dio agua a los federales, el desgraciado!
¡Agua¡ Aquel líquido transparente de donde se formó el mundo. ¡Agua! ¡Nada menos que la vida.
—¡Traidor!¡Traidor!
Para quien lo ignore, la operación, pese a todo, es bien sencilla. Brutalmente sencilla. Con un machete se puede afilar muy bien, hasta dejarla puntiaguda, completamente puntiaguda. Debe escogerse un palo resistente, que no se quiebre con el peso de un hombre, de “un cristiano “, dice el pueblo. Luego se introduce y al hombre hay que tirarlo de las piernas, hacia abajo, con vigor, para que encaje bien.
De lejos el maestro parecía un espantapájaros sobre su estaca, agitándose como si lo moviera el viento, el viento, que ya corría, llevando la voz profunda, ciclópea, de Dios, que había pasado por la tierra.
Tuesday, October 20, 2009

Rafael marquez lugo
El cobra de la delantera azulgrana
El cobra de la delantera azulgrana
Es preciso decir que Márquez lugo es una centro delantero mortal,
Define con derecha y con la izquierda que para mi es la buena
Viendo como esta el país, pero este no es un escrito de política
Es un escrito para ver en el gran jugador que tiene el equipo
Atlante, esta solo al frente que eso no lo ha dejado hacer una
Temporada mas brillante pero aun la temporada no termina
Y nos ha dejado en claro que rafa es la cobra de la delantera
Azulgrana, ejecuta con los diferentes perfiles los penales recuerden
Aquel penal que nos dejo en silencio en contra de santos en el ultimo
Magistralmente cobrado, rafa a tenido varios club de futbol,
Pero en ninguno se le ha visto tan agosto en la cancha tan sencillo
Tan buen jugador, recuerden la dupla chamago y rey, después
Galas y Ugalde o el grillito, quien será su dupla, cuando comenzaba
El torneo se hablo de ever gusman, ahora dice el profe que no
Tiene un nueve, entonces la decisión de dejar fuera a ever
Nos costo bastante, abria que hacerle una pregunta que si
El quiere ser el refente azulgrana como lo son vilar, hobiet,
Pereyra, y ya confinándose miguel angel martinez, Rafael
Marquez lugo tiene que dar mas, y también nosotros tenemos
Que pedirle mas, y también decirle que meritos para llegar
A la selección, por que cacho, el mismo nery castillo, el guille
Franco están sin jugar están ahi, ¿y Rafael marquez lugo?, pero esto merece otra refleccion
Como se selecciona los jugadores en mexico, este seria otro
Texto, pero que la ausencia del cristian bermudez lo necesita.
Monday, October 19, 2009
Friday, October 16, 2009
aviso a la comunida de juarez detiene a gustavo de la rosa
en el paso texas.
Gustavo De la Rosa Hickerson, Visitador de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) en Juárez, fue detenido por agentes de Migración por su permanencia aparentemente ilegal en El Paso, Texas, en donde se refugió desde hace semanas tras repetidas amenazas de muerte.La detención ocurrió la noche del jueves 15 de octubre mientras se disponía a cruzar el puente internacional Ciudad Juárez-El Paso, difundió el diputado Víctor Quintana Silveyra."El motivo que alegan para la detención las autoridades norteamericanas es que el Lic. De La Rosa se ha refugiado en El Paso “por miedo” ante las amenazas de que ha sido objeto por sus denuncias y su labor en defensa de las personas que han visto violados sus derechos humanos por el Ejército Mexicano en el contexto del Operativo Conjunto Chihuahua. Por eso, señalan, debe solicitar “asilo político”,, añade.
"Mientras el asilo se decide, el Lic. De La Rosa debe permanecer en calidad de detenido en el Centro de Procesos de El Paso, ubicado en la calle Montana de aquella ciudad fronteriza", se lee en el comunicado de prensa.El problema -agrega el texto- es que el Lic. De La Rosa no desea solicitar ningún asilo político, en vista de que ya se ha establecido un convenio inicial con las autoridades del gobierno del estado de Chihuahua, el gobierno federal y la Comisión Estatal de Derechos Humanos para que se le otorguen las medidas cautelares correspondientes y se le respeten totalmente sus derechos laborales y su permanencia en el empleo, dadas las condiciones de inseguridad que atraviesan él y su familia. De no acceder las autoridades migaratorias de los Estados Unidos a su demanda de ser dejado en libertad, porque no solicita ningún tipo de asilo, el Lic. De La Rosa podría permanecer detenido en un centro de detención de indocumentados, algunos de los cuales son presuntos criminales, entre dos y ocho meses.El Diputado por el PRD Víctor Quintana declara que "se moverán todos los recursos para demandar al gobierno de los Estados Unidos se deje en libertad de inmediato al Lic. De La Rosa y pide se hagan llegar cartas de protesta, correos electrónicos de solidaridad con él al Consulado Norteamericano en Ciudad Juárez, a la Embajada de los Estados Unidos en México y a cuanta representación de aquel país que sea posible".




